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Una mujer exigió un descuento en un ornamento navideño de 50 céntimos, y la respuesta de la vendedora fue perfecta

La Navidad es, o debería ser, una época de alegría y tranquilidad, en la que lo único que abunde sea la comida y la diversión familiar. Sin embargo, para mucha gente es lo opuesto… especialmente para quienes tienen que trabajar durante estas fechas, y además lo hacen en esos sitios que se llenan de gente.

Multitudes y horas extra, villancicos sin parar y clientes que se olvidan de la educación… los ingredientes perfectos que pueden convertir las fiestas en cualquier cosa menos una fiesta. Si no, que se lo digan a nuestra protagonista, una vendedora que se encontró con una clienta que consiguió sacarle de sus casillas.

Sin embargo, la historia terminó siendo de lo más divertida. Sarah Demaneuf decidió compartirla en las redes sociales, recordando lo que ocurrió hace nada más y nada menos que 17 años, y todos los vendedores y las personas que trabajan de cara al público se han sentido muy identificados.

Cuando el periodo navideño estaba acabando, en la tienda estaban vendiendo con descuento los adornos navideños que quedaban. A todo el mundo le gustan las gangas, y había unas bonitas estrellas que solamente costaban 50 centavos. Pero para una mujer, que no tenía pinta de faltarle el dinero, seguía siendo demasiado… y exigió pagar la mitad.

Hay sitios donde no está mal visto regatear, pero este no era el caso… y menos por 25 centavos y por algo tan innecesario. Después de la conversación, Sarah sintió la necesidad de quedarse con la última palabra… y lo consiguió. Si queréis descubrir por qué cada año Sarah adorna su árbol con la “estrella de la venganza”, ¡seguid leyendo!

Tras el éxito de su relato, ha dado algunas explicaciones adicionales. “No me volví a encontrar a la mujer, y tras tantos años, no la reconocería. La gente me pregunta qué pasaría si ella lo leyera y reconociera la historia, pero lo dudo mucho. La gente como ella no suele ser lo bastante consciente de sí misma como para verse desde la perspectiva de aquellos a quienes consideran inferiores”, explicó.

Sarah, que ahora es escritora y fotógrafa, no echa de menos su antiguo trabajo. “En general es un trabajo duro por el que se recibe poco dinero y aprecio, con horarios erráticos. Sé amable con los vendedores, a veces es lo único que les ayuda a seguir adelante”, dijo.

“Creo que mucha gente entiende mi historia porque muchos hemos trabajado como vendedores, y porque es genial recobrar tu poder cuando alguien te ha hecho sentir que no lo tienes. A veces los pequeños ganan. La reacción ha sido buena en general, pero no le ha gustado a todo el mundo. Pero si hace que los vendedores se sientan más merecedores de respeto y que los clientes sean más amables, todo el mundo gana.”

Así reaccionó la gente ante su historia.

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