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Ni adulta, ni asesina: resulta que en el caso de la “enana” ucraniana, los psicópatas eran los padres

La joven Natalia fue acusada por su madre adoptiva de ser una adulta y de querer acabar con ella.

La historia lleva circulando varios días por medios de todo el mundo: Kristine y Michael Barnett, de Indiana, Estados Unidos, adoptaron a una niña pequeña ucraniana. Sin embargo, según denunció hace unos días la madre, la joven Natalia Grace Burnett resultó ser en realidad una adulta de 23 años con un tipo de enanismo.

Además, según su relato trató de matar a su familia de acogida poniéndoles lejía en el café, empujando a la madre a una verja electrificada o intentando apuñalarles mientras dormían. La Justicia estadounidense les acusa de abandonar a la niña en 2013 al huir a Canadá. Los padres, que hoy están divorciados, claman que solo intentaban salvar sus vidas.

Ahora conozcamos la verdad.

Tal y como informa El Confidencial, Kristine y Michael Barnett adoptaron a Natalia en Florida cuando la niña contaba seis años. Antes había pasado por otras dos familias de acogida pero, por razones no especificadas, acabó en manos de los Barnett. Se la llevaron a vivir a Indiana en una adopción exprés, realizada en unas 24 horas.

“Como sentía compasión por su situación, no quise presionarles para que me dieran información sobre qué había ido mal”, dijo Kristine Barnett. Hoy, su versión es que aquella adopción era una estafa, y que la niña no era quien le dijeron que era.

El certificado de nacimiento de la niña es una de las partes más controvertidas. Mientras que el documento especificaba que su nacimiento se produjo el 4 de septiembre de 2003, los padres rechazan esta versión.

Informes médicos de junio de 2010 confirman que Natalia Grace contaba entonces con casi ocho años, además de padecer displasia espondiloepifisaria congénita, un trastorno de los huesos que se traduce en baja estatura, anormalidades esqueléticas y, en ocasiones, miopía severa o pérdidas auditivas.

Durante los primeros meses, los Barnett trataron de hacer sentir a la niña como en casa, pero algo les llamó la atención. La mujer se percató de que ya tenía vello púbico. “Me quedé en shock”, declaró. Meses más tarde, descubrieron que su hija adoptiva estaba teniendo ya la menstruación y trataba de ocultarlo.

Para Kristine Barnett, esto era señal de que Natalia no era una niña de ocho años, sino una adolescente tardía o incluso una adulta. Le practicaron tests de densidad ósea que, según la madre, aseguraban que la pequeña tenía al menos 14 años de edad.

Lo cierto es que nada de esto resulta extraordinario siempre que uno no extraiga el trastorno displásico de la ecuación.

En algunos tipos de displasia ósea, “aparece pubertad precoz, con la aparición de menstruaciones regladas en edades muy tempranas, alrededor o antes de los siete años”, dice un tratado sobre la materia.

Del mismo modo, estos trastornos pueden conllevar incrementos de la densidad ósea. Los síntomas que Barnett observaba en su hija no eran, como sospechaba, de una adulta o adolescente tardía… sino que eran absolutamente congruentes con los de una niña con displasia.

Un nuevo informe médico cifró la edad de la niña en alrededor de 11 años. Sin duda los padres trataron en varias ocasiones de acreditar la edad de la niña, desconfiando de la partida de nacimiento ucraniana.

Oficialmente, tenía que cumplir nueve en septiembre de ese año, pero en junio de 2012, convencidos de tener a una mujer adulta en su casa, lograron cambiar la edad legal de Natalia Grace a 22 años. Cómo lo lograron, es otro de los grandes interrogantes de este caso.

Siempre según la versión de la madre, ese mismo septiembre, Natalia había tratado de lanzarla contra una verja electrificada. La niña fue internada en una unidad psiquiátrica y sometida a tratamiento. Después de este momento, empieza a decir a la gente que tiene “más de 18 años”, según una carta fechada el 24 de octubre de 2016 por el doctor Andrew McLaren, de la Clínica de la Universidad de Indiana.

Durante ese año, 2012, los padres estuvieron más centrados en la creciente fama de su hijo Jacob. El pequeño nació con autismo pero al mismo tiempo con un precoz talento para las matemáticas. La madre publicaría el año siguiente La chispa: un relato materno sobre educación, genialidad y autismo, en el que relata la crianza de su joven genio. Lo describe como alguien “con más IQ que Albert Einstein” y autor de varios pre-prints sobre física cuántica.

La carrera académica de Jacob se convertiría en un elemento crucial para la historia de la niña adoptada.

El Instituto Perimeter de Física Teórica, en la ciudad canadiense de Waterloo, se interesó por el joven genio de los Barnett. La familia se dispuso a trasladarse allí para que el muchacho estudiara un grado en física teórica. Natalia Grace, sin embargo, nunca llegó a cruzar la frontera.

Según la declaración jurada de los padres, en septiembre, los Barnett alquilaron un apartamento en la ciudad de Lafayette y la dejaron allí con el alquiler pagado durante un año. El cambio de edad habría servido, según la investigación por abandono que se está llevando a cabo actualmente, para garantizar a la joven Natalia cupones de comida y tratamiento psiquiátrico.

El 3 de febrero de 2014, Michael Barnett registra en el Tribunal Superior de Hamilton, Indiana, una petición de divorcio contra Kristine. En el momento de abrir el expediente, el marido tenía registrada su vivienda en la misma residencia familiar en la que los Barnett habían criado a sus tres hijos a las afueras de Indianápolis.

La mujer vivía entonces en New Hamburg, Ontario, a 25 kilómetros de Waterloo. Mientras, la niña seguía alojada en el apartamento de Lafayette, a 90 y 600 kilómetros respectivamente de su padre y madre adoptivos.

Cuando se acabó el plazo del alquiler, la joven fue expulsada. Una compañera de clase en la Lafayette Adult Resource Academy advirtió al medio local News 18 que un día Natalia dejó de ir a clase. El director del centro dio la voz de alarma y ahí fue cuando el sheriff del condado de Tippecanoe abrió el proceso judicial que ha reavivado el caso en estos días de septiembre.

¿Qué ocurrió en todo este tiempo? Se han podido encontrar testimonios de algunos vecinos que declaraban sobre el caso:

“Mi hija se encontró a esta pequeña chica sentada en un porche, sola, sucia, sin zapatos y hambrienta. Los vecinos le dijeron que sus padres la habían abandonado para salir del país, diciendo que tenía 22 años. Mi hija empezó a hacer viajes diarios para cuidarla hasta que decidió que ya era suficiente y se la llevó. Ninguno de nosotros sabemos cómo los padres adoptivos fueron capaces de cambiarle la edad. (…) Ella tiene ahora 16 años de verdad, pero por los cambios de edad legales, según la Justicia, tiene 30 años. Tras años y años de este lío legal, finalmente ahora se está empezando a resolver. Está feliz en una familia cristiana maravillosa. El padre adoptivo ha cooperado, pero la madre adoptiva no”.

En efecto, El Confidencial contactó con Terrance Kinnard, el abogado defensor del padre adoptivo, que reconoció que la chica no era adulta, pese a lo que afirma su exmujer en la reciente entrevista en el Daily Mail. Esto coincide con las declaraciones juradas recogidas por medios como el Washington Post, en las que el padre afirmó este mismo mes que Natalia era una niña cuando le cambiaron la edad en 2012.

Según él, la madre le advirtió de que dijera a todo el mundo que su edad era de 22 años si le preguntaban. Kristine Barnett, sin embargo, sigue difundiendo la misma versión.

Hace tres años, Natalia Grace abandonó Lafayette para reubicarse en otro condado con la familia de Cynthia y Antwon Mans, por lo menos hasta 2018. Fotografías en Facebook en las que la niña aparece sonriendo junto a los otros dos hijos de esta pareja evidencian esta versión.

Mientras tanto, sus anteriores padres adoptivos esperan la sentencia por negligencia infantil.

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