Carolina, la niña de 5 años asfixiada por su madre y su abuela en Logroño con un macabro plan

Este pasado lunes, el Ministerio Fiscal ha solicitado aplicar la prisión permanente revisable contra Adriana Ugueto, al encontrarla culpable de un delito de asesinato con alevosía tras matar a su hija Carolina, de 5 años, el pasado 26 de enero de 2020 en un hotel de Logroño.

Según el informe de la Fiscalía, el asesinato de la menor, formó parte de un plan trazado durante tiempo por Adriana con la ayuda de su madre, y abuela de la niña, Olga Febles, para matar a Carolina y luego suicidarse ambas. Las dos buscaban escapar de la ‘mísera existencia’ que tenían por diferentes motivos, cada una.

La abuela había sido víctima de una importante estafa a través de Internet que le llevó a la ruina, y la madre por la frustración que le supuso que se le concediera la guardia y custodia de su hija a su marido y padre de la niña, y a su venganza y resentimiento contra él.

El cuerpo sin vida de la niña fue localizado el 27 de enero en una habitación del hotel Los Bracos de Logroño, donde había pasado la noche junto a su progenitora y su abuela. Las primeras investigaciones confirmaron que la pequeña tenía restos de la misma sustancia química que contenía el medicamento, Lormetazepam, que se encontró en el bolso de la abuela tras quitarse la vida arrojándose al río Ebro.

Con dicho medicamento consiguieron dormir profundamente a la menor y evitar que pudiera defenderse para, siguiendo con el macabro plan,  terminando por quitar la vida a la niña asfixiándola al tapar su boca y nariz con ayuda de un chupete que llevaba en la boca.

Adriana se provocó, en la habitación del hotel, cortes en la muñecas de 6 centímetros y heridas superficiales en las piernas, que resultaron insuficientes para acabar con su vida, pero que ensangrentaron toda la habitación a la llegada, horas más tarde, de la Policía a la escena del crimen.

Al parecer un vecino fue quién avisó alertado a las autoridades tras ver cómo la acusada se había asomado varias veces a la ventana de la habitación, que daba a un patio interior, sacando la cabeza y las piernas al alfeizar, pero sin acabar nunca por decidirse a saltar al vacío.

Casi dos años después de la muerte de la menor, la acusada se enfrenta a cargos por homicidio con parentesco, alevosía y persona especialmente vulnerable por la edad de la víctima, a diferencia de la abuela, que sí pudo completar su plan y cuyo cadáver fue hallado en el río Ebro dos días más tarde del asesinato.