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23 historias que confirman que la definición de “mujer al volante” es motivo de orgullo

Cuando se habla de “mujeres al volante” en vez de conductores a secas, hay gente que inmediatamente piensa que es algo peyorativo. Nada más lejos: las mujeres conductoras viven auténticas aventuras, de las que siempre salen airosas.

Ya sea un accidente menor, una situación absurda o un encuentro inesperado, gracias a estos obstáculos se forja el caracter de una verdadera “mujer al volante”. Atento a estas historias de conductoras que se han coronado en las redes.

1.

Iba por la carretera de circunvalación, a una velocidad de unos 80 kilómetros por hora. De repente vi que en el coche de al lado una mujer al volante comía un yogur con una cuchara. ¿Cómo diablos sostiene el volante?

2.

Conduzco muchas horas al día. Cuando adelanto a los autos de los estudiantes de autoescuela que aún viajan con su maestro, o los veo en el horizonte, siempre me parece que éste me señala con el dedo diciéndole a su alumno: “¡Así es como nunca se debe hacer!” Me invade una sensación incómoda.

3.

Trabajo en una instalación de lavado de autos. Un día vino una mujer con un coche típico femenino: el interior olía bien, se veían juguetes de peluche. Abrí el maletero y allí estaba… ¡un bate de béisbol! Rayado, curtido a su manera. Le pregunté: “¿Para qué necesitas un bate?” La respuesta me dejó estupefacto: “¡Para luchar contra los vándalos!” Todavía me río. Nota: También limpié el arma.

4.

Estábamos de viaje en Egipto. Fuimos de excursión en cuatriciclos al desierto, un vehículo por persona. Allí había un solo árbol y me choqué contra él. Encontrar un árbol en el desierto y estrellarse contra él, ¿cómo puede ser?

5.

Me llama mi novia, descuelgo el teléfono y la oigo murmurar lloriqueando: se estrelló “un poquito” contra el vehículo que estaba por delante del suyo. Acaba de recibir la licencia de conducción y confundió los pedales cuando salía del aparcamiento. La estoy calmando, de la conversación entiendo que no rozó un auto de lujo, sino un Clio rojo, pero de repente empezaron a invadirme vagos pensamientos. Le pedí que me dijera la matrícula del automóvil siniestrado e inmediatamente lo entendí todo. Calmé a mi novia y le dije que esperara al propietario del auto dañado, mientras tanto, marcaba el número de teléfono de mi madre. Tras un par de palabras, ella salía en ese momento de la tienda diciendo: “Hijo, te llamo más tarde, una loca chocó contra mi auto y tengo que llamar a la policía”. Reprimiendo la risa, apenas pude convencerla de que no colgara y que no llamara a nadie. No es ninguna loca, probablemente, su futura nuera…

6.

Soy una mujer joven, quiero comprarme mi primer auto. Obtuve mi licencia de conducción este verano, pero ni siquiera me imagino cómo conduciría sola. Quiero conseguir a un hombre para que se siente a mi lado, creándome la ilusión de seguridad. Y luego, tal vez, llegue el amor…

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7.

Cuando vienen visitas a mi casa, se preguntan sorprendidos por qué siempre huele tan bien. Se piensan que limpio a menudo. Pero para nada, un ambientador para el automóvil debajo de la cama ya lleva dos meses mejorando el aura de mi departamento, ningún ambientador casero en spray puede competir con él. ¡Tomen nota, queridos amigos!

8.

Pedí un préstamo para el automóvil en diciembre de 2016. Le dije a mi mamá que iba a devolverlo todo yo misma. Con dos trabajos a la vez, hacía guardias (soy médica), también abrí una tienda on line. Como resultado, perdí peso, y sí, en enero de 2018 saldé mis deudas. Ahora, mi negocio va sobre ruedas. Abandoné uno de mis empleos. Esbelta, me apunté en un gimnasio. Conduzco mi precioso auto blanco.

9.

Mi padre hizo una propuesta de matrimonio a mi madre en el momento más original, que marcó su destino. El hecho es que salían durante un tiempo y él le enseñaba a conducir el automóvil. Pero, por lo visto, algo salió mal, y le preguntó aquello de “¿Quieres casarte conmigo?” en un momento en que estaban dentro del auto, el cual se hundía lentamente en el fondo del río de nuestra localidad… Afortunadamente, este era poco profundo, por lo que nadaron a la superficie sin resultar heridos. Un mes más tarde, se casaron. ¡Mamá, por cierto, aprendió a conducir!

10.

Cuando voy delante de una gran caravana de automóviles, esquivando los defectos del asfalto, por el espejo retrovisor contemplo con placer cómo los conductores que me siguen realizan mi misma trayectoria hacia arriba y hacia abajo por los baches y agujeros.

11.

No muy lejos de nuestra casa, existe un tramo de carretera, o bien mal hecho, o maldito, pero es allí donde a menudo con los autos ocurre algún siniestro (leve). A mi familia le gusta mucho divertirse de la siguiente manera: mi padre está al lado de la carretera, un hombre se le acerca y le pide ayuda con el automóvil. Mi padre pide a este que espere mientras llama a su buen amigo, mecánico, que lo ayudará. Esperan un minuto y medio y nos acercamos mi novio y yo. Soy una joven de 150 cm de altura, con un vestido y con tacones, me metó debajo del capó, ayudando en todo lo que se necesita y dando consejos, mientras que mi novio y mi padre, los dos altos y fuertes, de 190 cm, hablan finamente de poesía o pintura. Y todo porque fruto de la casualidad me convertí en mecánico mientras mis queridos hombres son críticos de arte. La cara de los desconocidos en estos momentos es simplemente indescriptible.

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12.

Hoy vine a la oficina en automóvil y, como siempre, lo dejé en el aparcamiento. Cuando terminó mi jornada laboral, empecé a hablar con mis compañeros y sin darme cuenta fui con ellos hasta la parada de autobús. Llegué a casa, me acerqué al portal y me di cuenta de que mi auto no estaba en ninguna parte. “Ya está, alguien lo ha robado”, pensé, y tratando de combatir el pánico, empecé a buscar el teléfono en mi bolso para llamar a mi esposo y luego a la policía. Mientras revolvía este caos, encontré las llaves del auto y recordé mi mañana. Ya ves, al final va a resultar que todas estas bromas sobre las mujeres al volante no son fruto de la casualidad…

13.

Vivo en una ciudad pequeña, muy pequeña. Una señora chocó contra mi auto. Bajó, empezó a cacarear diciendo que, ahora mismo, su esposo fiscal vendría y ya veríamos quién asumía la responsabilidad. Parecería una historia típica, salvo que el fiscal de la ciudad es mi esposo y él iba justo detrás. Y mientras rellenábamos todos los papeles, esta señora, con voz meridianamente baja, me pedía perdón…

14.

Esa mañana invernal, el suelo estaba muy resbaladizo. Parecía una pista de patinaje. Observaba por la ventana cómo una mujer no podía salir con su auto a causa de una pequeña pendiente. Con mucho esfuerzo volvió a aparcar en su sitio original y se fue. Al pasar un tiempo, regresó con una bolsa grande, en la que había envases con sal. Durante cinco minutos, estuvo espolvoreándola, luego subió al automóvil y arrancó sin problemas. ¡Cada maestrillo tiene su librillo!

15.

Cuando era pequeña y no quería dormirme, mi papá me tomaba en sus brazos y daba vueltas por la casa, cantando música local muy popular, incluso hasta vulgar. Por extraño que pueda parecer, me quedaba dormida al oír la tercera o cuarta estrofa y seguía durmiendo como una marmota hasta la mañana siguiente. Soy adulta desde hace mucho, compré mi propio auto. Un día iba en él y, de repente, por la radio, comenzó a sonar aquella misma canción. Me desperté cuando casi, por poco, colisionaba contra un poste: me quedé dormida con coplas familiares como de costumbre. Ni siquiera sabía que se había desarrollado en mí un reflejo hacia este tipo de música, mejor que cualquier somnífero.

16.

Fui testigo de una escena maravillosa: en el barro, en una carretera, quedó atrapado un vehículo muy antiguo, con un tipo flaco al volante y algo enorme sentado en el asiento del copiloto. El conductor trató de arrancar de mil maneras hasta que, al final, bajó la señora con las dimensiones típicas de una torre vigía, con un poderoso movimiento de hombros, empujó el auto que saltó del charco como si fuera un corcho en una botella. Sí, todavía no se han extinguido los superhéroes.

17.

Mi jefa siniestró hace poco un auto recién comprado. Y, mientras su esposo estaba en un viaje de negocios, ella compró uno nuevo igual para que él no lo descubriera.

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18.

En nuestra ciudad encontramos una cafetería muy popular que se encuentra en el primer piso, y en la planta baja, un lavado de autos. Poco después de que obtuve mi licencia de conducción, me detuve para lavar el vehículo y, mientras esperaba, subí a la cafetería para, como de costumbre, pedir mi cóctel favorito (con alcohol). Además, me encontré con mis amigos, mantuvimos una agradable conversación. Deberían haber visto sus caras cuando, orgullosamente, me jacté de que llegué hasta allí en mi propio auto, bebiendo las últimas gotas de mi enorme piña colada. Bueno, no me había acostumbrado a sentirme conductora. Tuve que sacar a mi marido del sofá, menos mal que vivíamos cerca.

19.

Dejé mi auto en el taller y por primera vez en mucho tiempo fui por la mañana en un autobús normal y corriente. Por fin sentí que había llegado el verano: brazos bronceados, pecas en las caras, sandalias con pies descalzos, pantalones cortos, sombreros y faldas que se pegan al trasero debido al intenso calor. ¡Qué bueno es a veces dejar a un lado el ritmo loco del automóvil y simplemente sentarse con la gente en el transporte público, escuchando la radio del conductor sin preocuparte por los semáforos y las maniobras!

20.

Una jubilada canadiense, sin querer, robó un auto y no se dio cuenta de esto durante 2 semanas; percibió su error solo cuando encontró en el maletero unos palos de golf y en el cenicero, las colillas de alguien. Al revisar la guantera, la mujer encontró los documentos, no de su oficina de alquiler, por lo que honestamente devolvió el vehículo. Al mismo tiempo, el Nissan que ella alquiló, todo este tiempo, permaneció aparcado al lado de la tienda, donde lo había dejado al confundir los autos y llevándose el de otra persona.

21.

¿Conoces este comportamiento masculino condescendiente cuando una mujer, confusa, está al lado del capó abierto? Una historia así me sucedió a mí: estaba conduciendo junto a una amiga y había mucho tráfico cuando vimos, delante de nosotros, un automóvil averiado, comencé a cambiar de carril y, ¡maldita sea! el motor se caló dejándonos entre los dos carriles. Mi auto no mostraba signos de una larga vida en absoluto, el hombre en el auto averiado sonrió maliciosamente. Bajamos y, primero, empujamos nuestro coche hacia un carril, abrimos el capó y aquí comenzamos a improvisar. El hombre seguía sonriendo, pero no bajó para ayudarnos. Total, al pasar una hora, tras tocar todo aquello a lo que llegábamos con nuestras manos con manicura, encontramos la avería: se había caído la masa. Rápidamente la atornillamos, recogimos todo lo que habíamos sacado, cerramos el capó y con la mirada de los ganadores, nos fuimos sacando la lengua al hombre. El recuerdo de su cara amargada todavía habita en mí con satisfacción.

22.

Cuando era niña no entendía por qué el volante en un automóvil siempre estaba o a la izquierda, o a la derecha. Me parecía que el coche no tenía equilibrio si en él viajaba solo una persona. Y, en principio, era algo ilógico. Soñaba que, siendo mayor, tendría un auto con un volante en el centro.

23.

Lo siento, no puedo hablar… Papá grita constantemente.

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Y tú, ¿qué situaciones has vivido al volante?