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20 mentiras piadosas de los padres que no fueron descubiertas hasta que los niños crecieron

Todos los padres lo saben: a veces es muy difícil explicarle a un niño por qué no vale la pena hacer algunas cosas. Por ese motivo, tienen que recurrir a los trucos y las mentiras. Nosotros creemos que hacer trampa, especialmente con los niños, no es bueno… Pero eso no quita que hayamos disfrutado de lo lindo con estos ejemplos de mentiras de padres que fueron desenmascarados años después.

1.

2.

Cuando era pequeña, mi madre decidió comprarme un hámster blanco en alguna tienda de mascotas. Entonces, una vez, cuando llegué a casa de la guardería, en lugar de mi animalito blanco, encontré un hámster gris. Mi madre explicó que se había cambiado de abrigo, y le creí. Muchos años después, mi madre contó que, en realidad, el roedor blanco había muerto, y para no herir mis sentimientos, decidió encontrar uno igual, pero no pudo. Por lo tanto, compró un hámster de un color diferente e inventó el cuento sobre el abrigo.

3.

Mi papá, para no leerme libros, me dijo que no sabía leer. Creí en este cuento hasta la edad de 9 años, luego lo atrapé leyendo un periódico, pero dijo que solo sabía leer periódicos… Y le creí de nuevo. Entendí que era una mentira solo a la edad de 11 o 12 años.

4.

El engaño más terrible: “Cuando crezcas y tengas tu trabajo, te casarás, entonces harás todo lo que te apetezca”.

5.

Cuando era niño me dijeron que, aunque el Año Nuevo se celebra el 1 de enero, Santa Claus trae regalos solo 2 días después. Adivina cuándo es mi cumpleaños.

6.

El abuelo llamó a la sopa de chícharos “sopa musical”. Hasta la noche no entendí por qué.

7.

8.

Mi abuela me dijo que, si no limpiaba el departamento y no lavaba los platos, nadie se casaría conmigo. Aunque, tal vez no es una mentira…

9.

También me lo dijeron, y no entendí para qué necesitaba casarme, si tenía que estar constantemente sirviendo a otras personas.

10.

No quería comer cereales y mi abuela dijo que, si los comía, volaríamos como pájaros. Con toda la emoción, me los comí y pregunté cuándo volaríamos. En respuesta, la abuela extendió los brazos a los lados y con las palabras “¡A volar!” se echó a correr por la habitación. Lloré una hora entera.

11.

Mi papá solía regalarme cosas geniales para mi cumpleaños: primero una grabadora de cassette, luego un VHS, un equipo de música, un Walkman. Entonces, me los regaló, pero todo el mundo usaba mis regalos, y estaban en la sala. Mientras tanto, yo estaba convencido de que eran míos, solo que era generoso y compartía con todo el mundo.

12.

De niño, tenía un loro llamado Beny. Mientras estaba en casa de mi abuela, se enfermó y murió, pero mis padres aseguraron unos seis meses que Beny estaba ingresado en el hospital, pero todavía no le habían examinado todas las plumas. Cuando volví a preguntar cuánto más tiempo necesitaban para examinar las plumas, mi madre dijo: “¡Al diablo con él, Beny murió!”.

13.

14.

En la infancia, le pregunté a mi abuela de dónde venían las medusas. Ella me dijo que los turcos las fabricaban de gelatina y las liberaban al mar. Creí en ello durante mucho tiempo.

15.

Tenía prohibido comer barras de chocolate, piruletas y otras golosinas hasta que cumplí 12 años, porque era “alérgica a sustancias químicas”.

16.

Nunca tuvimos una mascota: me dijeron que papá era alérgico a su pelo. Cuando me independicé, adquirí un gato. Una vez, mis padres vinieron a visitarme y mi papá jugó con él todo el día. Mientras tanto, le pregunté: “¿Qué tal tu alergia?”, y me respondió: “¿De qué alergia me estás hablando?”. Y en el mismo instante se dio cuenta de que fue desenmascarado.

17.

18.

Cuando tenía 5 años, mi papá dijo que dentro de los monumentos había personas y que ese era su trabajo. Además, por la tarde salían de los monumentos y se iban a sus casas. Estaba convencida de que era verdad.

19.

Papá tenía un amigo al que le faltaba una falange del pulgar. Una vez, a la edad de 5 años, le pregunté a mi madre por qué a este hombre le faltaba un dedo, y ella respondió que él, igual que yo, se chupaba el dedo en la infancia. Por lo que se acabó como una “piruleta”.

20.

Y tú, ¿tienes historias similares de tu infancia?

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