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20 impresionantes confesiones de cocineros y camareros sobre detalles que ellos ocultan muy bien

Cuando vamos a un restaurante, cafetería o bar, nuestra idea es pasar un buen rato rodeados de nuestros amigos, a ser posible comiendo deliciosamente y relajándonos. Pero pocas personas tienen en cuenta que estar a gusto es el resultado del trabajo duro y coordinado de mucha gente.

Desde el chef hasta el lavavajillas, son ellos quienes hacen que los lugares de comidas sean como los vemos. Si alguna vez te has preguntado qué sucede detrás de la puerta de la cocina, y qué secretos guardan los camareros, compartimos algunos hallazgos contigo.

Relación con los clientes.

El tipo de clientes que todo el mundo odia es la persona “pediré un plato que debe ser cocinado, al menos, durante 40 minutos, pero exigiré que lo hagan en 20 porque tengo prisa”.

Me acuerdo cómo un par de vegetarianos me regañó: “Gracias a ti, ¡comimos carne por primera vez en 15 años!”. Chicos, pidieron sopa de guisantes con tocino. Si no saben qué es, pregunten, o al menos adviertan que son vegetarianos…

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Si tratas de molestar deliberadamente a tu camarero, no dudes que todo el personal del restaurante estará al tanto. Además, todos mirarán mal al imbécil en la mesa 5. Por otro lado, si eres una buena persona, te cuidaremos sinceramente.

Hay ciertas clientas muy reconocibles a quienes llamamos “quiero hablar con el gerente”. Tienen un peinado característico, siempre requieren que el aderezo y la ensalada estén servidos por separado, e intentan pagar usando cupones de descuento caducados, aunque, cuando se lo señalas, parecen avergonzadas. En promedio, gastan menos de 20 USD en un pedido, pero, al mismo tiempo, requieren el mayor respeto. Cada una de ellas logra escribir varios miles de reseñas de 3 estrellas con vagas quejas sobre el servicio. Ponen los ojos en blanco cuando deben esperar algún tiempo por su pedido.

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Secretos que tenemos muchas ganas de compartir.

Una vez, un restaurante del hotel recibió un pedido de risotto con hongos porcini. Hicimos todo a la perfección: aceite de oliva, arroz arborio, vino blanco y hongos frescos. Y el toque final: la mitad de un cubo de caldo con sabor a hongos.

Una vez, renuncié a un trabajo 45 minutos después de haber llegado. Mi primera tarea fue limpiar un lugar increíblemente sucio, y luego recibí la orden de organizar las porciones de pechugas de pollo en bolsas usadas. Pregunté: “¿En serio ponen pollo en bolsas sucias que han estado a temperatura ambiente durante al menos 24 horas?”. El jefe respondió que lo hacían no más de 1-2 veces con cada bolsa. Después de eso me fui. No quiero participar en el envenenamiento masivo de personas.

En mi primer trabajo, era costumbre congelar las tortillas que quedaban después del bufete del domingo, descongelarlas en un baño de agua la próxima semana, mezclarlas con verduras y servirlas nuevamente. Se necesitaban verduras para que los clientes no se dieran cuenta de que los huevos se volvían de color verde grisáceo… La dueña del mismo lugar sugirió congelar los huevos escalfados y luego servirlos como huevos benedictinos. Qué codiciosa.

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En mi bar, bajo la amenaza de despido, está prohibido recoger hielo con una copa. El hecho es que el vidrio es frágil, especialmente cuando se toma una copa tibia después de lavarla y se pone en un sitio helado. El vidrio roto es una bomba de tiempo que espera su turno en la caja de hielo. Si llego a algún bar y escucho ese sonido característico del hielo siendo recogido con una copa, me provoca dolor de muelas. Creo que 1 de cada 20 lugares cumple con las normas de seguridad, no más.

En ninguna cocina normal se trabaja con guantes, a menos que haya cortes o quemaduras en las manos. En las cocinas abiertas, las personas los usan solo para hacerte sentir más tranquilo. Además, usarlos no significa esterilidad absoluta, sino todo lo contrario: en un par de minutos, el cocinero puede cambiar entre carne cruda, verduras, pan y pollo. ¿Esperas que se cambie los guantes cada vez? Es mejor confiar en un chico que se lava las manos a menudo.

Trabajaba en una red de restaurantes especializada en pollo frito crujiente, y todavía me despierto en sudor frío cuando recuerdo un plato: puré de papas con salsa. Todos los días limpiábamos las freidoras: sacábamos el aceite, poníamos lo que quedaba en el fondo en una bandeja y lo congelábamos. A partir de esos residuos del fondo de la freidora se hacía la salsa para el puré de papas instantáneo.

Qué sucede detrás de la puerta de la cocina.

Los conflictos entre cocineros y camareros no son, de ninguna manera, una ocurrencia rara. En la cocina, los camareros son tratados con desprecio y envidia, porque su trabajo es más simple, lleva menos tiempo y, de hecho, no requiere calificación, pero se paga mejor. No hay nada más molesto que, después de un turno de 12 horas en el lugar caliente, ver a los camareros frente a tus ojos contando las propinas.

Tomamos a un chico para que preparara los productos para la cocina. La cantidad del trabajo era bastante grande, pero nada fuera de lo común. El primer día, el principiante era un poco lento, pero eso es normal, porque la velocidad viene con el tiempo. Sin embargo, cuando llegó al día siguiente y vio una lista de lo que tenía que hacer, armó un escándalo. El chico decidió que nos estábamos burlando de él porque ya había hecho todo eso el día anterior. No podía creer que esa era la cantidad de productos para cada día, y no para una semana entera.

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Vi a un hombre de 40 años romperse y llorar después de su primer turno en la cocina el viernes por la noche. Renunció al día siguiente.

Le pedí a una nueva camarera que sacara el agua caliente de una máquina de café. No habría sido tan divertido si no hubiera estado conectada al suministro de agua. Media hora después, confesé la broma, y la chica dijo: “Me parecía que el agua estaba acabándose”.

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Consejos poco obvios para clientes.

Sobre las propinas. “Me da vergüenza dejar 1 USD. Mejor no dejaré nada”, una idea fundamentalmente errónea. Nosotros, los camareros, sabemos cómo en 15 horas, pequeños billetes y monedas llevan a sumas decentes. Deja al menos un centavo si quieres dejar algo. Realmente lo apreciamos.

Si no se te permite elegir, pero te recomiendan persistentemente un solo plato, ¡presta atención! Lo más probable es que esté por caducarse, por lo que necesitan venderlo urgentemente para que el restaurante no tenga pérdidas. En resumen, lo más probable es que esté rancio.

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Un noble impulso de invitar a comer a los camareros es bastante común. Nunca pude entender por qué es incómodo para la gente dejar propina, pero comprarnos lo que queramos beber/comer, no lo es. Aquí está la verdad: si quieres, dame dinero; si no quieres, da las gracias y vete a casa. No me invites a comer y a beber. Además, los pedidos pagados por ustedes se venderán nuevamente y tomaremos el dinero. Todos hacemos eso, y no, no nos avergüenza.

Los platos pueden estar bastante calientes, así que, para no quemarse, los camareros encuentran la parte más fría y sostienen el plato justo por allí. Si intentas ayudar al empleado a descargar los platos de una bandeja, puedes quemarte. Además, tu iniciativa puede llevar al hecho de que el centro de gravedad en la bandeja cambie y todo termine en el piso. Mejor dale al camarero la oportunidad de poner los platos en tu mesa.

¿Cuál de estos secretos te pareció más sorprendente?