blogger statistics

18 anécdotas geniales en las cuales el niño estropeó la estrategia de crianza de sus padres

Educar a tus hijos no es una tarea fácil. A pesar de tus mejores intenciones, y de tus esfuerzos por mantener la autoridad, muchas veces los pequeños entienden las cosas a su manera y no hacen lo que habías planeado.

Atento a esta interesante discusión en la que padres compartieron historias de niños que se tomaron a su manera las órdenes de sus padres. Estamos seguros de que no podrás evitar reírte…. y, si eres padre, identificarte por completo.

1.

Una vez les dije a mis hijos que llevaría todo a una tienda de caridad si no lo recogían del piso de su recámara en 15 minutos. Cuando regresé, todo estaba en perfecto orden, excepto un detalle: en el medio de la recámara, encontré una pila con todos los productos que no les gustaban, que habían traído rápidamente de la cocina.

2.

Le enseñé a mi hija de 4 años a responder a una grosería con un cumplido. Una vez estábamos eligiendo un traje de baño en una tienda para mi mamá y una mujer que se estaba probando unos pantalones fue grosera con ella. Mi mamá se puso triste. Mi hija lo notó y le dijo a la grosera desconocida: “¡Sus dientes son increíblemente amarillos!”.

3.

Los niños me estuvieron rogando que adoptáramos una mascota, y yo no tengo tantas ganas de limpiar todo lo que deje. Les dije que si su recámara estaba limpia durante 6 meses sin que se lo recordara, entonces la adoptaríamos. El menor ahora recoge su recámara, pero se ha mudado a vivir en el pasillo con un saco de dormir, porque así su cuarto se mantiene en orden.

4.

Les enseño a mis hijos a pensar que la vida no es justa. Me parece que esto debería evitar rabietas innecesarias en el futuro. Y mi hija y yo jugamos al tres en línea, ella hace trampa y cubre la columna que quería usar para ganar. “No es justo”, le digo. “La vida no es justa en absoluto, mamá”.

5.

6.

Mi hijo ya tiene la edad en la que hay que empezar a enseñarle poco a poco las tareas del hogar. Y él quería comprar algo para un juego en línea. Hice una lista de los deberes y le asigné una “remuneración” después de realizar cada uno. Fue un éxito: sin recordarle ni pedirle, lavaba los platos y recogía las heces del perro, entre otras cosas. Pero en algún momento simplemente lo dejó de hacer. Cuando le pregunté qué le había pasado, me dijo que había ganado lo suficiente. Así que le enseñé a trabajar y le mostré el valor del dinero.

7.

Escuché la historia de cómo un niño había salvado a su madre. Ella se desmayó y él marcó el número de emergencias. Pensé que era una habilidad muy buena y se la enseñé a mi hijo. En 5 minutos la policía ya estaba en nuestra puerta.

8.

Cuando mi hijo tenía 3-4 años, nos dimos cuenta de que estaba creciendo como una persona muy materialista, sin tomar en cuenta los límites. Los intentos de explicarle que había que aprender a disfrutar lo que ya tenía fueron fallidos. Pero constantemente nos rogaba que le compráramos otro juguete o un dulce. En ese momento me llamó la atención un excelente reportaje fotográfico en donde se representaban los niños de diferentes países con sus objetos más preciados: prósperos y no tanto. ¡Fue un maravilloso truco parental! Mi hijo y yo vimos todas las fotos, le dije que prestara atención a los niños de los países pobres, los cuales en su mayoría tenían solo un juguete. Al ver una de las fotografías (el niño sostenía un viejo mono de juguete en sus manos), vi a mi hijo pensar mucho. “¡Al fin lo entendió!”, pensé yo. Y luego me miró, sonrió angelicalmente y me dijo: “Quiero este mono”.

9.

Cuando mi hija era pequeña, traté de enseñarle a valorar el dinero y decidí empezar a darle un “salario”. Tenía varios deberes por los cuales podía recibir 5 USD. Le expliqué que ese dinero ganado lo podía gastar en lo que quisiera. Por la tarde, después de leer un libro, se acercó a su frasco con dinero y me dio 2 USD por ser un “buen papá”.

10.

Cuando tenía 2 años, toda mi familia fue al estadio. Mi mamá fue al baño y dejó a mis hermanos con mi padre. Él estaba concentrado en el juego, y yo simplemente me fui. Cuando finalmente me encontraron, estaba a medio camino del campo. La multitud se juntó para ver cómo el oficial de policía se acercó a mí y grité: “¡Llamen a la policía, este hombre no es mi papá!”. Mis padres me enseñaron cómo se enfrentaba el peligro, pero se les olvidó decirme cómo se veía un policía.

11.

Mis padres me enseñaron a llamar a la policía en caso de que viera a alguien haciendo algo ilegal. Los llamé cuando en una película infantil un payaso robó un pastel. Lo bueno fue que el operador entendió por la voz que yo todavía era un niño y me pidió que primero llamara a mi madre al teléfono.

12.

13.

Mi mamá es maestra y una vez nos dijo en clase que si te perseguía un auto, debías darte la vuelta y correr de regreso, porque el coche tardaría mucho en dar la vuelta y alcanzarte. Sucedió una situación en la cual por casualidad, unos días después, uno de sus alumnos se escapó de la escuela. Ella fue a buscarlo en coche. A lo mejor ya puedes adivinar cómo continúa la historia. Ella lo encontró y le gritó por la ventana que debía regresar. La miró, sonrió, dio la vuelta y corrió de regreso.

14.

Les enseñé a los niños que tenían que defender sus convicciones. Ahora ellos creen lo siguiente: las verduras son un producto del infierno y el sueño nocturno debe cancelarse urgentemente.

15.

Les dije a los niños que si se portaban mal, recibirían carbón en un calcetín de parte de Papá Noel para Navidad. “¿Qué es el carbón?”, me preguntaron ellos. “Es una piedra con ayuda de la cual puedes prender fuego”, les respondí. Ahora quieren carbón.

16.

Mi madre trabaja como maestra en la escuela donde estudia mi hijo. Ella le pidió que no la llamara “abuela” durante las clases, pero a veces se le olvida y la llama “señora abuela”.

17.

Cuando mi mamá me dejaba en el coche sola, siempre me decía que no le abriera la puerta a nadie, ni siquiera a la policía. “Cualquiera puede comprarse un uniforme”, era su argumento. Me pregunto por qué tendré los problemas de confianza que tengo ahora, ¿cierto, mamá?

18.

Una vez mis padres y yo fuimos a una cena de caridad. Allí se llevaba a cabo una lotería y el premio más genial era una mesa de billar. Con el permiso de mis padres, gasté mi mesada con 6 semanas de anticipación para adquirir boletos. Mis padres decidieron que sería una buena lección para mí y me demostraría que el juego de azar no llevaba a nada bueno. Me advirtieron que, aunque no ganara nada, tendría que vivir sin mesada durante esas 6 semanas. Gané la mesa de billar.

¿Cuál de estas historias te pareció más hilarante? ¿Has presenciado algo parecido con un niño?