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16 personas hablaron sobre las situaciones más vergonzosas de su vida

Todos nos hemos sonrojado alguna vez hasta las oreja. O, como mínimo, hemos sido testigos de una situación incómoda. Cuando sentimos vergüenza —propia o ajena—, en el cuerpo se produce la misma reacción química que en un momento de peligro. El resultado es que queremos escapar lo antes posible de eso.

A los protagonistas de nuestra selección tampoco les habría importado salir corriendo, pero no todos tenían esa posibilidad.

1.

Mi esposa y mi hija fueron a comprar ropa a un centro comercial, y yo me quedé esperándolas en el auto. De pronto, una mujer se acercó, abrió el maletero y dijo gruñona: “Otra vez tiraste tus herramientas por todas partes, ¡no hay lugar!”. Observé sorprendido por el espejo retrovisor cómo ella comenzaba a meter bolsas en el maletero de mi automóvil. Luego se sentó y dijo: “¡Podrías haberme ayudado! Vamos…”. Me di vuelta y pregunté: “¿A dónde vamos?”. Sus ojos se volvieron del tamaño de unos platos, y solo pudo decir: “Uy”. Con una sonrisa la ayudé a juntar sus cosas y a encontrar su auto y a su esposo.

2.

Mi esposa y mi hija fueron a comprar ropa a un centro comercial, y yo me quedé esperándolas en el auto. De pronto, una mujer se acercó, abrió el maletero y dijo gruñona: “Otra vez tiraste tus herramientas por todas partes, ¡no hay lugar!”. Observé sorprendido por el espejo retrovisor cómo ella comenzaba a meter bolsas en el maletero de mi automóvil. Luego se sentó y dijo: “¡Podrías haberme ayudado! Vamos…”. Me di vuelta y pregunté: “¿A dónde vamos?”. Sus ojos se volvieron del tamaño de unos platos, y solo pudo decir: “Uy”. Con una sonrisa la ayudé a juntar sus cosas y a encontrar su auto y a su esposo.

3.

4.

Trabajaba como mecánico en un servicio de taxis. Por la noche se hizo el recambio de taxistas, y uno de los conductores llegó tarde, riéndose. Cuando se le preguntó qué había pasado, dijo que había llevado a unos pasajeros al aeropuerto, los había dejado allí, y, al final de su turno, había subido a otro pasajero. Se le acercó un hombre, arrojó dos bolsas hacia atrás y se sentó adelante. Viajaron hablando sobre cosas sin importancia. Al llegar al lugar, el pasajero pagó y se encaminó hacia la entrada de su edificio. El conductor le gritó:
— Oye, hombre, ¡olvidaste tus bolsos!
Él se dio vuelta y dijo sorprendido:
— ¿Qué bolsos?
Entonces, sus ojos se abrieron y exclamó:
— Maldición, ¡olvidamos a mi esposa en el aeropuerto!
Tuvieron que volver.

5.

6.

Llevo 10 años trabajando como taxista. He visto mucho, y he transportado a mucha gente. Es difícil que algo me sorprenda, y avergonzarme, aún más. Eso pensaba… hasta hoy. Un pedido regular: calle, número del edificio. Se subieron dos hombres: serios, cultos, se sacudieron la nieve, saludaron, subieron tranquilamente al asiento trasero. En resumen, unos pasajeros ideales. Miré el destino: Plaza Central, 5/7, tienda “Familia”. Decidí asegurarme por costumbre:
— ¿Familia? — pregunté, refiriéndome a la tienda.
Miré por el espejo retrovisor. En el reflejo, 4 ojos asustados:
— No, solo somos conocidos.
Me sentí muy avergonzado.

7.

Si alguna vez te sientes como un completo idiota, solo recuerda que hoy dejé caer un termómetro en un estuche del estante y miré esa magnificencia durante media hora, pensando por dónde escapar, aunque ni siquiera se había roto.

8.

9.

Hace poco fui a una peluquería. Una chica comenzó a cortarme el cabello y, de pronto, exclamó: “Vaya, ¡cuánto pelo tienes en el cuello!”. Me sentí un poco avergonzado porque un cuello peludo no es muy agradable, así que decidí cambiar de tema y espeté: “Y eso que no me has visto el trasero”.
La chica se hizo a un lado y me miró seriamente. Pensé que no le había gustado la broma o que le había dado asco, pero cinco segundos después dijo: “Espero que hayas traído suficiente dinero, porque no pienso cortar nada de ahí abajo por 8 USD”.

10.

Estaba sentada frente a la computadora como Dios me trajo al mundo porque tanto en la calle como en el departamento hacía un calor infernal. Entonces alguien tocó la ventana desde afuera. Me di la vuelta y vi a dos mujeres paradas en una plataforma del elevador con latas de pintura en las manos. Me miraron y dijeron: “Linda, cierra la cortina. Esto es un tanto incómodo”.

11.

12.

Cuando tenía unos 8 años, a menudo escuchaba la palabra “prostituta” en las noticias de la televisión. No entendía el significado de la palabra y la esencia de lo que estaba sucediendo, pero me gustaba la palabra en sí. Parecía que, de alguna manera, estaba conectada con “instituto”, y yo sabía que un instituto era algo bueno.
Un día estaba jugando en la plaza con una chica 2 veces mayor que yo a atraparnos. En un momento, jugando, la llamé prostituta. Lo dije fuerte, con ganas. Se escuchó en el último piso del edificio más alto. Se produjo un extraño silencio: las abuelas dejaron de parlotear, los hombres dejaron de jugar al ajedrez, parecía que incluso las papas fritas de alguien en el primer piso dejaron de salpicar aceite.
La chica dejó de correr detrás de mí. Se detuvo y se quedó allí, mirándome: su cara estaba roja, sus ojos, llenos de lágrimas. Se dio la vuelta y se fue. Mi hermano mayor me llevó a casa y les dijo a mis padres todo lo que había pasado. Todavía estoy muy avergonzado por ese día.

13.

14.

Mi papá me llamó y dijo:
— Pide un taxi para mi amigo.
Yo:
— Bueno.
Después de 10 minutos lo llamé y le dije:
— Papá, el taxista está esperando.
Papa:
— Bueno, que espere hasta que terminemos de celebrar.

15.

Una mujer vino a nuestra tienda en busca de horquillas infantiles para el cabello. Yo estaba cerca de ella y olía increíblemente delicioso. Le hice un cumplido: “¡Huele muy bien! ¿Qué tipo de perfume usa?”. Y ella respondió que se había volcado cerveza accidentalmente.

16.

Estábamos probándonos ropa con mi mamá en una tienda. Ya nos habíamos probado como 15 cosas, y, cuando mi madre se puso otra prenda, le dije: “Mamá, eso es espantoso, ¡quítatelo!”. Y ella, casi llorando, respondió: “Hija, vine con esto…”.

Y tú, ¿qué situación incómoda has vivido?

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