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16 cosas demasiado ridículas que solo podrían pasar en una oficina

Los que trabajan por cuenta ajena, pasan en sus oficinas la mayor parte de sus vidas. Por ese motivo, son lugares que pueden considerarse literalmente un segundo hogar.

Puede que cualquiera de nosotros tenga docenas de anécdotas divertidas del trabajo. Algunas de ellas se olvidan rápidamente, pero se convierten en leyendas de oficina.

¡Atento a estas compartidas por distintos usuarios de Internet, porque no tienen desperdicio!

1.

Volví al trabajo el primer lunes después de las vacaciones. Todos con los que me encontraban se quedaban en estado de shock y en silencio. Cuando entré en la oficina, vi mi foto en un marco negro y una vela delante de ella. Resulta que en la ciudad en la que estaba de vacaciones, tuvo un accidente alguien que se llamaba como yo y mis colegas no esperaban volver a verme. Cuando entré, pensaron que yo era un fantasma o un extraño raro de resurrección.

2.

Hoy, una de mis compañeras de trabajo, que durante mucho tiempo y por razones desconocidas ha estado tratando de molestarme, e incluso trató de tenderme una trampa en una ocasión, me ha dicho suspirando:
— ¿Cómo es que no eres para nada conflictiva?
Me siento confundida.

3.

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“La gente se quejaba de un gato callejero que merodeaba cerca de la oficina de un despacho de abogados, así que este lo contrató. Conoce a Leon Advogato, Esq”.

4.

Hoy visitó nuestra oficina el director de una organización asociada a la nuestra, y durante el descanso para tomar café nos pusimos a hablar. Él:
— ¿Eres tacaño? Yo, por ejemplo, puedo simplemente darle 10 dólares a un mendigo, decirle a los dependientes que se queden con el cambio en una tienda, o dejar una propina generosa en un restaurante.
Entonces, sonó su teléfono, él escuchó y dijo:
— Entrégale 200 dólares de la caja.
Le pregunté:
— ¿Ha ocurrido algo?
— Un empleado entregó una solicitud de ayuda económica, pero, ¿acaso soy un animal? Le dije al responsable de cuentas que le diera 200 dólares.
De repente, recordó algo, cogió el teléfono, marcó un número y gritó:
— ¡No te olvides de restar estos 200 dólares de su sueldo!

5.

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“Esto era lo que me esperaba cuando volví de las vacaciones. ¡Todo estaba envuelto en papel de aluminio! Incluso los clips y gomas para los documentos”.

6.

Trabajaba en un call center en el que decidieron ponerse en plan modernos. Empezaron a darlo todo gratis: té, café instantáneo, azúcar, galletas… Pero en una semana gastamos 12 botes enteros de café, aproximadamente, mil bolsitas de té y 20 kilos de azúcar. Y se terminó la “oferta”. Mi colega, que se sentaba a mi lado, estaba indignado, diciendo que nadie tomaba tanto. Pero al día siguiente, se descubrió que era él quien se dedicaba a llevarse todo lo que podía. Le atraparon con un pack de papel para impresora, un par de botes de café e incluso un kilo de azúcar.

7.

Entró el director general a mi despacho. Hablamos del trabajo y aproveché la ocasión para quejarme de que se oía en mi despacho. Y entonces, detrás de la pared, se oyó cómo alguien empezó a marcar un número y una voz femenina dijo:
— ¿Sabes qué?, el director general me quitó el bono trimestral. Pues bien, ahora voy a grabar todas las conversaciones por teléfono con él. Tarde o temprano meterá la pata en algo.
Oímos que alguien salía de la oficina y después la voz de un hombre gritando histéricamente al teléfono:
— ¡Te dije que no metieras aquella cuchilla de la excavadora! ¿Te imaginas qué sucederá si se entera el director general? No será solamente un despido, ¡estamos hablando de un delito penal!
Y entonces el director me susurró:
— Vamos a intercambiar nuestros despachos, veo que este no te va bien.

8.

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“En nuestro edificio de oficinas hay un halcón peregrino que viene y se posa en el alféizar de mi ventana”.

9.

Trabajaba en una empresa muy grande, con más de cien empleados por planta. Aproximadamente dos veces al mes, se me acercaba un compañero activista recaudando dinero: alguien cumplía años, o tuvo un hijo, o su familia pasaba por un momento doloroso. Todos aportábamos a la causa. Un día, di el dinero para el cumpleaños de un empleado con quien hablo a menudo en el trabajo. Cuando me encontré con él, le felicité alegremente pero por su reacción me di cuenta de que algo no cuadraba. Resulta que nuestro activista se dejaba todo su sueldo en las máquinas tragaperras, y luego pasaba por los diferentes departamentos recaudando el dinero que le hacía falta para el almuerzo.

10.

La empresa en la que trabajo desde hace más de 10 años acaba de contratar a su primer empleado masculino. Se queja constantemente y se comporta como una pequeña princesa. No me lo puedo creer.

11.

Mis compañeros traen la comida de casa y la guardan en el frigorífico. Algunas veces la olvidan y empieza a estropearse. El lunes, eché un vistazo y había dos huevos duros de alguien en una bolsa transparente. El martes todavía estaban. Miércoles: dos huevos en una bolsa. Jueves: siguen ahí. Pensé: “Alguien se ha debido olvidar de ellos”. El viernes por la mañana se me acabó la paciencia y tiré los huevos a la basura. Durante el almuerzo, uno de los compañeros más comilones gritó a la oficina:
— ¿Quién se ha comido mis huevos? ¡Todos los días traigo nuevos y los coloco en este estante!
Guardé silencio como si fuera una tumba. Metí la pata hasta el fondo.

12.

Estaba con mis compañeros, en el comedor, hablando sobre nuestros planes.
— Siempre pasamos las vacaciones en la capital, ¡debería buscarme un apartamento y mudarme! — dije riendo.
Resulta que nos estaba escuchando una auxiliar de enfermería chismosa. Después de un par de horas, mi jefa me llamó a su despacho y me dijo:
— Julia, ¿ya has encontrado alguien que te reemplace?
— ¿Me estás despidiendo?
— Según los rumores, te vas a mudar a la capital y ya has encontrado trabajo y un apartamento allí.

13.

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“Trabajos manuales en la oficina. Construí una estatuilla con clips de papel. Ahora está en mi escritorio, se llama Gruber”.

14.

Cuando trabajaba en un laboratorio fotográfico, tenía acceso a muchos productos químicos. Una vez, se me ocurrió gastarle una broma a mi compañero: cubrí las ruedas de su sillón con una sustancia especial que explota con el contacto, emitiendo una nube de humo. Pero para mi gran horror, aquella mañana en vez de mi compañero, entró mi jefe y decidió hablar conmigo. Durante la conversación, se apoyó con la mano en el sillón vacío de mi colega y ¡boom! Hubo una explosión ensordecedora y una nube de humo púrpura que flotaba por el despacho. Fui muy afortunado de conservar el trabajo.

15.

Por entonces, yo llevaba trabajando en la oficina unos cuatro años, y “me sentía como en casa”. Como suele ser habitual, cuando había un cumpleaños cada uno ponía unos 4 ó 5 euros. El mío coincidió con la Cuaresma y, como regalo, recibí menos dinero porque los estaban siguiendo el ayuno no pusieron nada. Compré frutas para ellos, y para los demás, pasteles y pizza. Posteriormente me contaron que como no comían pasteles, no veían necesario poner dinero… Pero las frutas sí que se las comieron.

16.

Mi compañero de trabajo ideó un plan para ser más productivo. Para ello, dice que simplemente es necesario asignarse menos tareas. Creo que es una solución absolutamente brillante.

Y tú, ¿has vivido alguna situación parecida en el trabajo?