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14 personas que vivieron en la pobreza revelan qué cosas creían que eran totalmente normales (pero no)

A veces nos quejamos de nuestra situación financiera, pero desconocemos cómo es la realidad de alguien que es realmente pobre. Por ejemplo, de personas que pasaron media vida en esa situación.

Porque ser pobre, pobre de verdad, es no poder hacer nada en absoluto; no poder ir a comer fuera, no poder llevar a los niños al cine, no poder comprarles juguetes o llevarlos a la ciudad. No poder apuntarlos a actividades extraescolares, porque no se puede salir temprano de uno de los dos trabajos para ir a recogerlos.

Echa un vistazo a estas historias pobreza, porque seguro que te abrirán los ojos. Todo comenzó con una pregunta en reddit: Gente que creció en la pobreza, ¿qué cosas creíais que eran normales (pero no)?

1.

En mi escuela, tenían un día de “ropa de mercadillo”, en el que todo el mundo se vestía con ropas raídas, o con las cosas más raras que pudieran encontrar en una tienda de segunda mano. Sobra decir que, teniendo en cuenta que el 80% de mi ropa era de segunda mano, me abrió los ojos.

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2.

Que todos en casa fuéramos corriendo a la cocina como si fuera Navidad cuando se hacía la compra.

Incluso cuando las cosas iban mejor en mi familia, a menudo acumulábamos comida (comida enlatada, o cosas compradas en lote) por si volvían los malos tiempos. ¿A alguien le pasaba lo mismo?

3.

Me impresionó descubrir que la gente salía a comer más de una vez al año. También que hubiera personas que no se saltaban comidas.

4.

Cuando era niño, no sabía que había varias maneras de calentar el agua. Daba por sentado que todo el mundo tenía que esperar una hora después de que alguien se duchara para volver a tener agua caliente.

5.

Crecí pensando que la comida era escasa. Cuando salíamos, mi madre nos decía a mi y a mis hermanas que no aceptáramos comida de la gente. No quería que nuestra hambre fuera la preocupación de otra persona. Ahora que estoy en el instituto y puedo ir a sitios, a la gente le resulta grosero que rechace la comida. Pero mi respuesta automática era rechazarla educadamente aunque no hubiera comido en todo el día. Aunque han pasado años, tener hambre me sigue pareciendo mi estado natural. A veces me olvido de comer, y tengo tan asumido que tener hambre es normal que no me doy cuenta hasta que me empieza a doler la cabeza.

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6.

Ir de “vacaciones” al hotel local. Podíamos jugar en la piscina, pedir pizza (un placer poco habitual) y nos lo pasábamos en grande.

7.

Nunca veía a mis padres porque trabajaban mucho. Cuando estaba en el colegio, vivímos en el apartamento sobre el bar del que eran propietarios. El rato que pasaba con ellos era trabajando en la cocina, haciendo los deberes en el bar, y llevándome escaleras arriba para irme a dormir.

8.

Cuando se acercaba el invierno sacábamos todas las mantas del armario y nos enrollábamos en ellas por las noches. No teníamos calefacción y la mayoría de las noches hacía un frío que pelaba. A pesar de eso, siempre tenía ganas de que llegara porque me encantaba meterme bajo un millón de mantas y sentarme al lado de la estufa.

9.

Tener solo un par de zapatos super baratos que tenía que llevar hasta que estaban destrozados. Es ridícula la cantidad de veces que tropecé con las suelas de mis propios zapatos en los pasillos de mi instituto.

10.

Que mi único almuerzo fuera en la escuela. Que esa fuera la única comida del día. Pensaba que era normal hasta que cumplí 10. A partir de entonces, empecé a reservar mi comida y llevarla a casa para que mi hermano y hermana pudieran comer.

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11.

Dejar el plato limpio. La verdad es que sigo haciéndolo. Si pago por una comida me la voy a comer TODA, y si no quiero guardarla. Veo a mucha gente con la que he almorzado dejar comida en el caso que acaba tirándose. Mi madre crió ella sola a dos niños, no desperdiciamos nada.

12.

Sigo pensando que el concepto “viaje de familia por carretera” es extraño, como si fuera algo que solo ocurre en las películas. Yo no salí de mi región hasta que tuve 22 años.

13.

Sabía que no era lo “normal”, pero no teníamos calefacción o aire acondicionado en casa. Usábamos una estufa de leña para calentar el primer piso, y el segundo piso normalmente estaba congelado. Y cuando era verano y hacía calor, simplemente teníamos calor.

14.

Siempre pensé que era normal que un niño supiera sobre facturas y la cantidad de las facturas. También que supiera exactamente cuánto pagábamos de alquiler. Si iba a la casa de amigos con más dinero, les preguntaba cuánto pagaban de alquiler.

15.

Cuando mi padre por fin empezó a ganar más dinero, pudo por fin comprar filetes. ¡Pero los filetes estaban malísimos! Resulta que mi padre solo se podía permitir los filetes más baratos y con más nervios. Básicamente, lo único que hacía era masticar y masticar hasta que tenía una especie de “chicle de carne” en la boca. Era totalmente incomible. Así que me preguntaba por qué a las familias más adineradas les gustaba tanto.

¿Qué te ha parecido? ¿Tienes alguna experiencia similar que compartir?